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Mostrando entradas de abril, 2008

Cuento para antes de dormir

Hace ya un tiempo (puede ser un año, pueden ser diez), apareció en un rincón de la ciudad como brota un cardo en medio del campo, así, de repente. Nada se sabía entonces de su vida. Poco se sabe ahora. Simplemente, un extraño. Tampoco se conocía su nombre. "El hombrecito", lo llamaban. Alto y delgado (largo, muy largo). El cabello rubio y rizado (rubio, muy rubio). Ojos claros e intrigantes, muy intrigantes. ¿De dónde vendría? ¿Qué querría? Se lo solía ver recorrer las calles siempre maleta en mano, como si en ella portara sus secretos; siempre con él, para no perderlos. En uno de esos días (de sol, o de lluvia, quizás) se lo vio acompañado de un pequeño gatito. A partir de entonces, los paseos fueron más frecuentes cada vez. Hombre y gato se hicieron inseparables. “El hombrecito del gato”, lo llamaban. Aunque resultó ser gata… Sutil confusión. Ha pasado el tiempo, un año o diez, y aún se lo puede uno cruzar por ahí. Maleta a cuestas y el gato al hombro. Paso tranquilo...

La decisión

(O C RÓNICAS DE UNA T ARDE DE M AYO ) Sí, era una decisión tomada. La pobre tía se había muerto, sola y hundida en su propia fortuna; pobrecita ella, qué triste, rica y sola en el mundo. Y yo que ni recordaba su nombre. Qué soledad. ¿Soledad? Ah, creo que ese era su nombre. Me senté una vez más frente a mi fiel Olivetti y miré a mi alrededor: ¿Para qué querría yo más que esa cama deslucida, esa taza de café frío y ese atado de cigarros casi vacío? No precisaba nada más. ¿Qué habría hecho yo con una fortuna en mis manos si apenas había sabido qué hacer con mi vida? Mi vida. Ay, mi vida. Había sido una maratón de fracasos. Mi alma de escritor nato se había sentido ultrajada por las garras de la sociedad, esa cruel sociedad que me obligaba a venderla al diablo. Años sentado ante esa máquina de escribir que alguna vez supe heredar de mi abuelo, un abuelo al que ni siquiera conocí; mi única herencia, mi amada y amante, mi fiel Olivetti. Años volcando mis sentimientos más profundos en ...

La fiesta

(VERSION LIBRE ACERCA DEL NACIMIENTO DE EROS) Estaba la Carencia recorriendo los rincones de la casa en busca de las sobras de la fiesta que los dioses habían dado en honor a su anfitriona, la Belleza, cuando encontró tumbado en el patio al Recurso, quien descansaba luego de tanta bebida y jolgorio. Ante tal descuidado aspecto, la Carencia creyó que había hallado al fin a un compañero para su pobreza y, sin dudarlo, deseó tener un hijo con él. De esa unión nació Eros, el Amor, que brotó mágicamente de un huevo, en medio de la oscuridad de la noche. Recorrió Eros el laberinto de la vida con sus encantos agridulces, encarnando el impulso creativo de la naturaleza, la luz responsable de la creación y el orden de todas las cosas del universo. Un día, Eros conoció al Alma y, sin poder resistirse a su hermosura, la amó profundamente. Concibieron una hija a la que llamaron Placer. Desde entonces, el Amor y el Alma, quedaron unidos para siempre. ©2008 FABIANA FV