26 mayo, 2008

Cositas de la vida

(FINAL CON MORALEJA... RELAJATE, QUE ESTA LECTURA ES TAN RAPIDA COMO UN RAYO.)

Por fin había llegado ese día tan esperado. Qué bueno poder subirse al auto casi sólo con lo puesto y disparar a la aventura.

—¿Adónde vamos?
¡Qué importa, vámonos ya! Realmente daba igual el lugar, no importaban ni el espacio ni el tiempo, la cosa era ir, largarse. Iniciar el camino y que el mismo te llevara, así, a la deriva. Al fin sin planes previos, uf… qué bajón los planes. Toda la vida planificando: que el cole, que la carrera, que el trabajo, que la familia… ¡Ya basta, liberate! Tenés al hombre de tu vida, a ese que muere por vos y que te tiene loquita por sus huesos, ¡disfrutalo!. Pero disfrutalo en libertad, linda. Al menos la libertad de no planificar por una vez en tu vida ni siquiera tu fin de semana con el hombre de tu vida. Así que bañate en esencia de patchouli, prepará los bocaditos de jengibre, subite al auto y después, ya puede arder Troya.

—Poné música, dale.
Epa, la música. Me olvidé los CDs… Bueno no jodas, vos tampoco te acordaste ¿o sí?. La radio va a estar bárbaro, relajate. ¡Escuchá que buen tema! Bajá un poco la ventanilla. Uh, qué placer sentir el viento rompiéndote en la cara. Y esa canción… Sonaba increíble: Era “la” canción. Dejame que te saque una foto manejando, te ves divino. Nunca te vi tan así como… no sé… bueno, sí… siempre te veo así pero… Hoy es distinto… te ves así, como… Sí, como tan feliz. Sólo veíamos ruta. Y pampa, tan inmensa. Y cielo. Qué inmenso cielo. ¿Adónde íbamos? Qué importaba, si todo era inmenso. Oscurecía y sólo veíamos ruta. Por fin, la noche. Cuánta felicidad, qué inmensa. Somos felices.

—Quiero hacerte el amor…
—Cuando encontremos donde parar.
—No, aquí, aquí mismo… mmm…
—Esperá… qué hacés… pará… pará… Te dije que ahora no… pará… ¡Pará te dije! Nos estamos quedando sin nafta, no hay ni un maldito parador a la vista y encima... ¿viste allá? ¿Viste o no?

Sí, lo había visto, tremendo rayo ¿Y? El fuego de aquel rayo no podía ser tan inmenso como el mío. Porque todo era inmenso. Mi calor era inmenso. Por primera vez en mi vida quería que me faltaran el respeto, que me arrancaran de golpe del auto arrastrándome de los pelos; sí, entre los pastos filosos, que me embarraran en sudor y que me ensuciaran con vicio, con mucho, mucho vicio, eso quería. ¿Y qué importaba un tonto rayo, si yo me estaba quemando viva? Quería acción, yo nada más quería acción. Y disfrutar.

Se había desatado una tormenta inesperada. El viento comenzó a soplar quien sabe desde donde y porqué, pero estaba endemoniado. La lluvia se había largado con ganas, prácticamente no se veía el camino. Ni un parador. Ni una señal. Ni siquiera el inmenso cielo. La única inmensidad apreciable ahora era la de los rayos explosivos. ¡Rayos y centellas!, aquéllo sí que era furia. Ya no veíamos ruta. ¿Adónde íbamos? La radio había perdido la frecuencia. Los celulares habían perdido su cobertura. Nosotros estábamos perdidos. Totalmente incomunicados. Y el temporal era cada vez más fuerte. ¿Adónde vamos? El aullido del viento atravesaba los cristales, te ensordecía. Ramas que golpeaban en el parabrisas, ¿de dónde vendrían si ni habíamos visto árboles? Y el auto que no se detenía porque él estaba empecinado en continuar la marcha. El viento y las ramas, un horror. Ibamos a salir volando. ¿Si se aproximaba un huracán? Y él empecinado. Un espantoso pánico comenzó a apoderarse de mí y de repente sentí que estaba dejando de sentirme libre, me estaba convirtiendo en su esclava, justo ahora que había decidido liberarme, qué mal...

—Deberíamos detenernos, no se ve nada. ¿Me oíste? Pará, por favor, no se ve ni a un centímetro. Me estoy mareando, creo que voy a vomitar. Esto es tremedo, ¡se viene el mundo abajo! ¡Tengo miedo, por favor!

¡Miedosa!, siempre la misma. ¿Y vos? Siempre el mismo necio y omnipotente, ¿quién te creés, Dios?, ¿te das cuenta que nos vamos a matar? Miedosa cobarde, nunca arriesgaste nada, cagona, qué querés si tuviste todo servidito en bandeja, ¡pendeja caprichosa!, así es fácil querer parar a hacer el amor en medio de la ruta, si igual… que te voy a explicar si no entendés nada, nunca entendiste nada. ¿Y vos, qué?, ¿entendés todo acaso?, al final es lo que siempre pensé, sos un resentido de mierda que no aceptás que me haya ido bien en la vida, porque ese fue siempre tu punto de vista, ¿no?, que se me hayan dado las cosas más o menos ordenadas en la vida significa que yo no hice mérito alguno para merecerlo, ¿no?. ¿Qué estás diciendo, para qué estás conmigo si siempre pensaste que era un fracasado? ¡Dije resentido, no fracasado! ¡Es igual! ¡No es igual y vos me dijiste cobarde cuando el cobarde sos vos que no admitís tus propios miedos, sos tan miedoso como yo, tu miedo te impide parar la marcha porque a Dios no lo detiene nadie, no? ¿Qué decís, te volviste loca? ¡Vos estás loco!!
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Todavía no sé bien como fue: Si frenó él, si fui yo... La ceguera de ambos le ganó a la provocada por la catarata de lluvia. Todavía no sé si fue el auto que dio trompos por la frenada, si nos chupó un tornado o si nos revolcó nuestro caos interior, el puto caos interior. La cosa es que ahí estábamos, la miedosa cobarde y el omnipotente resentido, solos, hundidos en nuestras miserias. Solos y a solas en la tormenta. A solas con el caos interior. Puto caos interior.

Amanecí sin entender demasiado. No había mucho que entender. O nunca había entendido demasiado. Sin rayos, sin centellas, sin viento, sin lluvia; sólo caos y desolación. Y un silencio ensordecedor. A través del parabrisas y de los vestigios del temporal pude divisar una gasolinera, haberlo sabido… ¿Habremos frenado en el momento equivocado? Yo sólo quería un poco de acción. Y disfrutar. Sin planes. Y que todo fuera inmenso. Que todo siguiera siendo inmenso. Pero había que frenar para poder continuar avanzando. ¿Adónde íbamos? Siento frío. Y todo es tan chiquito. ¿Adónde vamos?

Sólo veía ruta. Y su silueta diminuta, dibujada a lo lejos.

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Moraleja: En la vida, siempre es bueno frenar a tiempo.

A vos... ¿Se te ocurre alguna otra moraleja?

©2008 FABIANA FV

14 comentarios:

Luna Carmesi dijo...

Ahora mismo me has estresado con el viajecito!!!
jajaja

Luna Carmesi dijo...

Hmmm...
Un argumento que utilizo mucho en los blogs (debe ser que me repito mas que el ajo) se podria resumir en esta frase:

Estos capitulos tristes son necesarios para que tu novela termine bien.

Si. Eso.
Besos Carmesíes!
:-D

LEO MARES dijo...

pues no sabes la ilusión que me haría extender poco a poco el nombre de Leo Mares al otro lado del océano... Según tengo entendido, sí que distribuye la editorial por allí. Pídelo en librería y me cuentas, vale?
un abrazísimo

LEO MARES dijo...

en último caso te lo podría mandar yo por correo,claro
:-) ciao!

Soy una estrella en este firmamento pampeano dijo...

Luna, aunque dices que te repites, me gustó esa moraleja!
También podría ahora mismo cambiar la que puse por "En la vidad, cada final es un nuevo comienzo"... Pero estaría plagiando a Julia Dahl que escribió esa frase como remate en "Uptown girls" (no recuerdo como se llamó en castellano aunque por aquí la están dando seguido por la tv por cable) y, la verdad, no quiero caer en la de copiar a otros guionistas, algo que estoy viendo muuuuuy seguido por mi país últimamenteee!!! (si lo digo es porque me ha tocado, grrrrrr!!)
Besos!

Soy una estrella en este firmamento pampeano dijo...

Leo, seguramente encontraré por estos pagos tu libro "El abrazo de piedra" y disfrutaré de tus cuentos!

RAÚL dijo...

pues no te había visitado antes, es pura casualidad lo del comentario. pero me alegro de conocer tu blog. me gusta tonolec, es una mezcla de estilos muy interesante. un bonito descubrimiento para mi.

LEO MARES dijo...

vaya, pues ahora no se me ocurre ninguna moraleja...
Ya he preguntado a la editorial y me han dicho que les pidas el libro directamente a ellos, mediante la web (www.alhulia.com).
Cualquier problema me lo comunicas, de todas formas. A ver si te llega prontito!

amateur1965 dijo...

Si no tiene inconveniente me permites dejar la direccion de tublog en el mio?
un beso

Angy dijo...

Hola!Estoy aquí de pura, casualidad,me alegro de conocerte, tu espacio me parece ¡fantástico!!.Te seguiré leyendo.


Un cálido saludo

Angy

P.D.

Te invito a mi espacio

María dijo...

Hola, estoy encantada de que me hayas descubierto y sobre todo si ha sido a través del blog de Mucha, mucho más, porque Mucha para mí es Mucho, la tengo una gran admiración, de verdad.

Te doy las gracias por tu visita a mi blog, por el regalo de las palabras que me has dejado, que me han encantado, y decirte que, con tu permiso, voy a dejar enlazado tu blog, porque me parece precioso, y quiero visitarte, asiduamente, además fíjate, tenemos un punto en común, tenemos hijas de una edad parecida, para lo cual, estoy encantada de coincidir contigo en algo.

Desde ahora, me tendrás aquí, visitando tu precioso blog, y voy a dejarle ya enlazado.

Muchas gracias por todo, y te mando un fuerte abrazo y otro para tu pequeña princesa.

muchadela torre dijo...

Lo que se me ocurre es que estoy feliz de haberte encontrado para unir las almas en esta maravilla que es escribirnos sin conocernos
besos

Hurí dijo...

Hola Fabiana.

Gracias por tu visita y tu comentario en la isla. Decías que no sabías como habías llegado hasta allí; después de leer esta entrada es posible que fuera la tormenta la que te condujo hasta siete lunas, y me alegro de ello.
Me ha encantado tu relato y tu blog en general, es muy muy estético y tienes textos realmente lindos.
Te sigo leyendo.

Un abrazo.

Soy una estrella en este firmamento pampeano dijo...

Hurí,
¿sabes que esa también sería una moraleja posible para este relato? Digo... tormentas... islas... siete lunas... La tormenta puede arrastrarte a la deriva pero siempre hay una orilla que nos está esperando, tal vez para resurgir, tal vez para volver a empezar...
Gracias por tu buena luz.